«Lo que a mí me hace falta es soltarme. Necesito hablar.» Es lo que más me dicen los alumnos que llevan años atascados, y la respuesta que encuentran siempre es la misma: apúntate a conversación. Es un consejo cómodo. Y no funciona.
No es culpa tuya, y tampoco del que te la vende. Es que el formato tiene tres agujeros, y ninguno de los tres se tapa poniendo mejor profesor.
Echa la cuenta de los minutos que hablas tú
Una hora, ocho alumnos, un profesor. Con un cronómetro y repartiendo a partes iguales, siete minutos y medio para cada uno.
Pero no se reparte así. En cualquier grupo hay dos que ya se manejan y llenan el silencio en cuanto se abre, porque el silencio incomoda. Los otros seis asienten. Al acabar la hora, el que ya hablaba ha hablado media hora y tú has dicho cuatro frases.
Y ahora la cuenta del mes. Cuatro clases, cuatro frases cada una: dieciséis frases al mes. Ese es el motivo de que lleves dos años yendo y sigas donde estabas.
Hablar no es aprender: es usar lo que ya tienes
Una clase de conversación no te mete nada nuevo en la cabeza. Te obliga a sacar lo que ya está dentro. Y si lo que está dentro es I have 25 years, eso es lo que va a salir, y cada semana va a salir con más soltura.
Ahí está el problema de verdad. La repetición no distingue: fija lo bueno y fija lo malo con la misma eficacia. Quien lleva diez años diciendo I have hunger no tiene un problema de práctica. Tiene un problema de que nadie le ha explicado que en inglés el hambre no se tiene.
Mira las cuatro juntas. En español las cuatro llevan «tengo». En inglés no aparece have ni una sola vez. El alumno que no ha visto eso las va a fallar las cuatro, y en una clase de conversación las va a fallar cuatro veces más deprisa.
O conversas o te corrigen, pero las dos cosas no caben
Este es el agujero que no tiene arreglo dentro del formato.
Para que una corrección sirva tiene que llegar en el momento y tiene que venir con el porqué. Y en cuanto alguien te para a mitad de frase para explicarte que en inglés el hambre no se tiene, la conversación se ha terminado. Ya no estáis conversando: estáis dando clase.
Así que el que la dirige tiene que elegir. O te deja hablar y no te corrige, y entonces practicas tus errores. O te corrige y no te deja hablar, y entonces eso no es una clase de conversación.
Casi siempre elige lo primero, porque lo primero es lo que se ha vendido.
El nativo sabe decirlo, no sabe por qué lo dice
Un nativo sabe decir la frase. No sabe por qué se dice así, porque nunca ha tenido que aprenderlo: le salió a los cuatro años, igual que a ti te sale «se me ha caído» sin pararte a pensar quién tiró qué.
Y le falta lo otro, que es lo gordo: no sabe qué tienes tú en la cabeza. Tu error no viene del inglés, viene de tu español. Dices I have 25 years porque en español los años se tienen, como se tiene un coche. Eso solo lo ve quien conoce los dos idiomas y sabe por dónde chocan.
Le estás pidiendo que te arregle una avería que él no puede ver.
La conversación es el examen, no la clase
Y aquí está el orden, que es lo que casi nadie te dice.
Hablar suelto no es lo que te lleva a hablar suelto. Es lo que pasa cuando ya tienes la frase montada. Primero entiendes por qué el inglés hace lo que hace, partiendo de tu español. Después repites esa frase hasta que sale sin pararte a montarla. Y entonces, cuando abres la boca delante de alguien, sale.
Ponerlo al revés es pagar por examinarte todas las semanas de una asignatura que nadie te ha explicado.
Cuándo sí sirve tener a alguien delante
No estoy diciendo que hablar no sirva. Estoy diciendo que hablar no es el primer paso, y que sin corrección no es ningún paso.
Tener a otra persona delante sirve cuando se juntan tres cosas: que traigas la frase ya construida de casa, que el grupo sea pequeño de verdad, y que alguien te corte en el momento y te diga por qué. Si falta una de las tres, estás pagando por charlar.
Eso es justo lo que hago en la clase de cada mes, y por eso no la llamo clase de conversación. Es el rato de sacar por la boca lo que ya has entendido en el curso y ya has repetido en Frasly, con alguien que te corrige ahí mismo.
Lo que no he tocado aquí
Queda fuera el intercambio de idiomas, ese de media hora en inglés y media hora en español. Ahí no pagas nada y el trato es otro: no esperes corrección, espera compañía. Sabiendo eso, puede venirte bien.
Queda fuera la clase particular uno a uno. Ahí el problema de los minutos desaparece, pero los otros dos siguen enteros.
Y queda fuera cuántas horas hacen falta para llegar a hablar, que no lo sé.
Empieza por saber dónde estás
Con esto ya no vas a apuntarte a conversación esperando que te arregle el I have 25 years. Eso no se arregla hablando: se arregla el día que alguien te enseña que en inglés los años no se tienen, y a partir de ahí lo repites hasta que sale sin pararte a montarlo.
No te pido que te creas nada de esto porque lo diga yo. Te pido dos minutos: la prueba de nivel son doce frases, sin registrarte, sin darme tu correo ni un solo dato.
Y el sistema va repartido en tres sitios que trabajan juntos: el curso en vídeo te explica el porqué, Frasly es lo que repites cada día, y la clase grupal de cada mes es donde lo sacas delante de alguien que te corrige. Ninguno de los tres es una clase de conversación, y ese es el motivo de que funcionen.
El objetivo no es hablar como un inglés. Es hablar con la misma seguridad con la que hablas español: prueba de nivel.