«Ojalá viniste.» Suena mal. Lo correcto en español es «ojalá vinieras». Pues «ojalá viniste» es lo que dice un inglés, y a él le suena igual de bien que a ti «ojalá vinieras».
No es que su frase esté mal. Es que a ti no te es familiar.
Los idiomas funcionan por asociación
Imagina que cada vez que a alguien se le cae algo de las manos yo dijera «patapum». Llegaría un momento, después de muchas repeticiones, en que con solo oír la palabra ya verías a alguien al que se le está cayendo algo. Es la ley de la asociación.
Pasa igual con un logotipo. Un dibujo que no significa nada acaba unido a una marca a base de repetirlo.
Los idiomas funcionan así. No hay una lógica universal que diga que las cosas se tienen que decir de una determinada manera. La coherencia y la lógica que le vemos a un idioma vienen de años y años de repetir lo mismo en las mismas situaciones.
Lo que suena bien es lo familiar
Un idioma, al fin y al cabo, es inventado. Es una invención a la que con el tiempo le vemos lógica. Pero de lógica no tiene nada: nos es familiar, que es distinto.
Nuestro cerebro está entrenado para que lo familiar sea aceptable y lo no familiar sea algo que rechazar. Esto no es familiar, lo rechazamos. Esto es familiar, lo acogemos. Vemos las cosas normales y lógicas, y en realidad lo son desde una familiaridad que hemos adquirido con el tiempo.
Las combinaciones de palabras de un idioma acaban sonando bien por la repetición, porque siempre ha sido así.
Haz la prueba con «ojalá»
Si yo me acostumbro a decir «ojalá viniste», «ojalá cantaste», «ojalá aprobaste» cada vez que expreso un deseo, al principio me sonará mal. Llegará un momento en que esas palabras que empezaron sonando mal absorberán el sentido de la situación para la que las digo.
Si oyeras cien mil veces «ojalá viniste» en las situaciones en que queremos decir «ojalá vinieras», empezarías a ver que está bien. Y si a partir de ahora solo lo oyéramos así, lo que acabaría sonándonos mal sería lo otro.
- I wish you didn't have to go. · «Ojalá no tuvieras que irte.»
Lo que se dice ahí en inglés es «yo desear tú no tuviste que ir». Suena mal. Sé que eso es lo que se está diciendo, y sé colocarlo en su sitio. Nunca lo diré así en español.
Otra más. «No había esperado mucho antes de que él viniera.» El inglés no tiene ese «viniera», porque es subjuntivo y es una gramática a la que no llega. Lo deja donde llega, que es el pasado: «yo no había esperado mucho antes de que él vino». Si esa frase la repitiéramos en español el número suficiente de veces, acabaría sonándonos tan bien como nos suena con «viniera».
Esto es un idioma. No importa cómo se digan las cosas, mientras siempre se digan de la misma manera. Con la repetición es como acaban sonando bien.
Un idioma de niños: el camino es más corto, pero hay que andarlo
Si tuvieras que aprender un idioma creado por un grupo de niños de ocho años, tendrías claras dos cosas. La primera, que difícil no iba a ser. La segunda, que ibas a tener que aprender cada cosita tal como se les ocurrió a los niños decirla.
«¿Cómo habéis resuelto esto? Así. Uy, qué mal suena.» Pues no vas a tener más remedio que aprenderlo así. Suena mal y te va a costar porque es raro, porque es distinto. Pero tienes que aprenderlo.
Fácil no quiere decir que ya esté hecho. Quiere decir que el camino va a ser mucho más corto.
Y cada idioma tiene un pequeño porcentaje de cosas que dice de una manera distinta, por su propia costumbre. Para enterarse de algo, por ejemplo, los ingleses usan el verbo oír: «Juan debe haber oído lo que pasó». El inglés tuvo su desarrollo al margen del español, como el español lo tuvo al margen del francés.
Por eso hacen falta muchas frases
Una vez explicado y entendido, necesitas mucha práctica, muchas frases seguidas, para que el cerebro acabe de interiorizarlo. Lo usarás bien en la medida en que lo repitas.
Si notas que el inglés se te va haciendo cada vez más cercano, que le vas viendo una lógica, es que estás aprendiendo bien. Esa sensación de familiaridad es la señal.
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