Este análisis es distinto a los demás, porque no hay curso que analizar. Iba a mirar 8Belts como he mirado a los otros seis, y me encontré con que no hay dónde entrar.
Lo dejo en el portal igualmente, y no por curiosidad. 8Belts es el ejemplo más claro de lo que vengo defendiendo: un método que se vendía de maravilla, con un escaparate perfecto y una promesa redonda, montado alrededor del negocio antes que de la enseñanza. Y así acaban estas cosas.
Qué devuelve hoy su dirección
Al entrar en 8belts.com por la vía segura, la conexión se rechaza. Al entrar por la normal, responde esto:
Las direcciones donde estaban la plataforma y el acceso de los alumnos redirigen todas a esa misma página de aparcamiento. Lo comprobé una a una.
El dominio no está abandonado: sigue registrado y pagado hasta 2029, a nombre del mismo registrador de siempre. Lo que no hay es una web detrás.
Qué prometían
El nombre lo decía todo: ocho meses, ocho cinturones, como en las artes marciales. La promesa era hablar un idioma en ese plazo.
Y su garantía estaba escrita en las condiciones generales que tenían publicadas. Devolvían el dinero si en ocho meses no te desenvolvías, con dos condiciones: haber dedicado entre treinta y cuarenta y cinco minutos diarios, y haber asistido a todas las sesiones de conversación.
Merece la pena pararse en ese «todas». Una garantía que se cae con una sola sesión perdida en ocho meses, entre vacaciones, gripes y viajes de trabajo, es una garantía que casi nadie llega a poder reclamar. Valoración mía: eso no es una garantía de aprendizaje, es un incentivo de asistencia.
Qué firmaba el alumno
Sus condiciones generales, en la versión que se conserva de enero de 2026, tenían tres cláusulas que conviene conocer aunque la empresa ya no venda, porque las vas a encontrar parecidas en otros sitios.
- El precio no estaba en el contrato. La cláusula remitía a «los precios vigentes en cada momento» o a los «que le habrán sido ofrecidos individualmente por escrito al alumno». Es decir, precio negociado uno a uno por un comercial, que es justo lo que hoy siguen haciendo otros dos de los que he analizado.
- El paquete se debía entero desde el primer día. «El alumno se compromete al pago del importe completo del paquete elegido... independientemente de que, por parte de 8BELTS, se haya posibilitado el pago aplazado del precio». Y si dejabas de pagar una cuota, podían resolver el contrato y aun así exigirte la totalidad.
- Las sesiones de conversación caducaban cada semana. Plazo de siete días naturales, de lunes a domingo. Lo que no consumías «dejará de estar disponible», sin reembolso, sin compensación y sin extensión.
El pago aplazado, además, iba con financieras: Aplazame, SeQura y Sabadell Consumer Finance. Eso significa que quien lo eligió no firmó solo un curso, firmó también un crédito al consumo con un tercero.
Por qué te cuento esto si ya no venden
Por dos razones, y ninguna tiene que ver con ellos.
La primera es práctica. Si alguien tiene un contrato en marcha o un pago aplazado abierto, lo que devuelve hoy ese dominio le interesa saberlo. Y las condiciones que he citado están fechadas y comprobables.
La segunda es la que de verdad importa. Las cláusulas de arriba no eran una rareza de 8Belts: el precio que no está escrito y solo lo dice un comercial, el importe completo debido desde el primer día, y las clases que caducan cada semana. Las tres siguen vivas hoy en plataformas que funcionan perfectamente. Están en el Observatorio con nombre y cita.
Lo que enseña este caso
Valoración mía, y es la razón de que este artículo esté aquí. Cuando un proyecto de enseñanza se construye alrededor del negocio y no del aula, el escaparate puede aguantar años: la publicidad, la promesa redonda, los testimonios, el nombre bien pensado. Lo que no aguanta solo es lo de dentro.
Y las tres cláusulas de arriba dicen dónde estaba el centro de gravedad. El precio no escrito y negociado por un comercial, el paquete completo debido desde el primer día aunque lo pagues a plazos, y las sesiones caducando cada semana. Ninguna de las tres tiene que ver con enseñar mejor. Las tres tienen que ver con cobrar antes y cobrar entero.
No hace falta suponer mala fe de nadie para verlo. Basta con mirar qué decisiones se toman cuando hay que elegir entre lo que le conviene al alumno y lo que le conviene a la caja.
El plazo era la trampa, no el fallo
Valoración mía, y va contra lo que dice casi todo el sector. El problema de vender «hablar en ocho meses» no es que ocho meses sean pocos. Es que el plazo no depende del calendario, depende de lo que ocurra dentro.
Un adulto español que entiende cómo se corresponde su idioma con el inglés avanza deprisa, y no porque le pongan un cronómetro. Un adulto al que le hacen repetir sin explicarle nada puede estar ocho meses, ocho años o toda la vida, porque cada frase nueva vuelve a ser un caso nuevo. El plazo es la consecuencia del método, y venderlo como si fuera el producto es poner el carro delante del caballo.
Por eso en este portal no verás nunca un plazo prometido. Verás la regla de siempre: si la confusión te sube y hablar sigue siendo un problema, ese curso no te sirve, dure ocho meses o dure tres años.
La ficha del examen
17 de agosto de 2026
Este es el único de los siete que no puedo examinar, y la razón es la que está capturada arriba. Queda como recordatorio de una cosa: cuando un curso no publica su precio y solo te lo dice un comercial por teléfono, lo que estás comprando no lo puedes comparar con nada. Ni antes, ni ahora.
Lo que no he podido comprobar
- La situación de la empresa. No la sé y no la afirmo. Lo único que consta aquí es lo que devuelve su dominio.
- Si tienen alguna otra dirección operativa. Comprobé varias alternativas y ninguna respondía.
- El precio real de sus paquetes, que nunca fue público.
- Qué pasa con los alumnos que tuvieran contrato o pago aplazado en marcha.
- La versión actual de sus condiciones generales, que no se puede consultar porque no hay web.
Si tienes un pago aplazado abierto con ellos, eso es un contrato de crédito con una financiera y sigue su propio camino, independientemente de lo que pase con el curso. Ahí no te puedo ayudar yo, te puede ayudar la financiera o un abogado.
Y si estás mirando cursos ahora, la lección que deja este caso es sencilla: el precio que no se publica no se puede comparar. Los de todos, incluido el mío, están en el Observatorio. Las reglas con las que escribo estos análisis están en el manifiesto.
La prueba de nivel son doce frases, sin registrarte y sin darme un solo dato.