La clase particular es la fórmula más cara por hora que existe para aprender inglés. También es la única en la que hablas tú todo el rato y en la que alguien puede corregirte en el segundo en que fallas. Bien elegida, no hay nada mejor. Mal elegida, es una hora agradable a la semana durante dos años.
Lo que sigue son las preguntas que haría yo antes de reservar la primera. Todas se contestan con un número o con un sí o un no. Las preguntas abiertas, del tipo «¿cómo trabajas?», se contestan con un discurso, y los discursos suenan bien todos.
«Nativo» dice dónde nació, no lo que sabe de ti
Dale la vuelta. Tú eres nativo de español. Siéntate delante de un inglés y explícale por qué decimos «se me ha caído» y no «lo he caído». Por qué «hace frío» no lleva sujeto. Por qué «llevo dos años aquí» habla de dos años y del presente a la vez. Eres nativo, lo dices bien desde los cuatro años, y no sabes explicar ni una de las tres.
Eso es exactamente lo que le estás pidiendo a alguien por el hecho de haber nacido en Manchester. Ser nativo es un dato de nacimiento. No dice nada de si sabe enseñar, y no dice nada de lo que de verdad importa: si sabe qué tienes tú dentro de la cabeza.
Porque tu error no está en el inglés. Está en tu español.
Ninguna de las cuatro se falla por no saber inglés. Se fallan porque la frase española va por un camino y la inglesa por otro, y alguien tiene que enseñarte dónde se separan. Eso solo lo ve quien conoce los dos idiomas y sabe por dónde chocan.
Un nativo que habla español y lleva años dando clase a españoles es una opción estupenda. Uno que no habla tu idioma te va a corregir la frase, y la semana siguiente la vas a volver a fallar, porque nadie te ha dicho de dónde salía.
Seis preguntas que se contestan con un número
- ¿Cuántos minutos hablo yo en una clase de sesenta? Si la respuesta no es un número, no hay respuesta. Y si el número baja de treinta, estás pagando una clase particular para escuchar.
- ¿Cuántos años llevas dando clase a españoles? No «dando clase». A españoles. Quien lleva quince años de aula con alumnos polacos sabe dónde se equivocan los polacos, que no es donde te equivocas tú.
- ¿Cuántos minutos de trabajo me vas a dejar para los días que no hay clase? Un número: diez, quince, veinte. «Lo que puedas» quiere decir que no hay plan.
- ¿Cuánto cuesta la hora con todo dentro, y qué pasa si aviso con veinticuatro horas? Precio final y cancelación, las dos con cifra. Es la pregunta que más incomoda y la que antes se contesta cuando las cosas están claras.
- ¿Cuántos alumnos hay en la clase? Uno. Si son dos porque «así sale más barato», ya no es una clase particular: es un grupo pequeño, y tu tiempo de hablar se parte por la mitad.
- ¿Cuántas clases doy antes de decidir si sigo? Cuatro. Ni una prueba suelta de treinta minutos, que no enseña nada, ni un bono de veinte que se contrata antes de saber si aquello funciona.
Cinco que se contestan con un sí o con un no
- ¿Me vas a explicar en español por qué el inglés hace lo que hace? Si la respuesta es «aquí solo hablamos inglés desde el minuto uno», lo que no entiendas se va a quedar sin entender. El español no es el enemigo: es el sitio del que sales.
- ¿Me vas a cortar en el momento en que falle? Una corrección que llega al final de la hora, en un resumen, llega tarde: para entonces has dicho la frase mal seis veces y las seis te han sonado bien.
- ¿Sabes en qué me voy a equivocar antes de que abra la boca? Quien tiene oficio te nombra ahí mismo cinco fallos que trae casi todo alumno español. Si no puede nombrar ninguno, es que no ha visto suficientes.
- ¿Salgo de cada clase con algo concreto que repetir? Frases, no «repasa el tema 3».
- ¿Tienes escrito lo que vamos a hacer en las cuatro primeras clases? Si el contenido se decide cada lunes según lo que surja, el plan lo estás poniendo tú sin saberlo.
Lo que se ve en la primera clase
Señales buenas:
- Pregunta él antes de empezar: qué se te cae, qué has hecho antes, para qué quieres el inglés.
- Te corta en mitad de la frase y te da el porqué, no solo la forma buena.
- Usa tu español para explicarte el inglés, y no se disculpa por hacerlo.
- Te dice «eso no lo sé, lo miro y te lo digo el jueves».
- Sales con cuatro o cinco frases apuntadas que ayer no sabías decir.
Señales malas:
- Te promete un plazo. «En ocho meses hablas» es poner el carro delante del caballo: nadie sabe cuánto vas a repetir tú.
- Corrige repitiendo la frase bien y sigue adelante. Sin el porqué, esa corrección no llega a la clase siguiente.
- Te dice que tu problema es que traduces. Piensas en español porque eres español, y eso no se quita. Se piensa en español y se dice en inglés. Lo que sobra no es tu idioma: es traducir palabra por palabra sin saber por dónde va la frase inglesa.
- La hora se va en contar qué tal la semana. Eso es charlar, y charlar fija lo que ya traías, lo bueno y lo malo con la misma eficacia.
- Va por un libro, por páginas, y el índice manda por encima de lo que a ti se te cae.
- No sabe decirte qué haces mal en concreto. Solo «tienes que soltarte».
A las dos semanas ya se sabe
Cuatro clases son tiempo de sobra para saberlo. Y se sabe con cuatro comprobaciones, todas de sí o no.
- ¿Puedes escribir cinco cosas concretas que no sabías y ahora sabes? Cosas, no temas vistos: frases con su porqué.
- ¿Hay algo que antes dudabas y hoy te sale sin pararte a montarlo?
- ¿Sabes qué tienes que hacer mañana, que no hay clase?
- ¿Ha bajado la confusión?
Si haces un curso y no notas desde el primer día que la confusión baja, ese curso no sirve.
La cuarta vale por las otras tres, y hay una manera de mirarla sin engañarte. El primer día apunta cinco frases españolas que no sabías decir. A las dos semanas, dilas. O salen o no salen, y eso no hay que interpretarlo.
Valoración mía: si a las cuatro clases nada ha cambiado, no te esfuerces más ni te lo tomes como cosa tuya. Cambia de profesor o cambia de formato. El problema no eres tú, es el método.
Una hora a la semana no es el curso
Esto es lo que casi no se dice cuando alguien busca profesor. Una clase semanal son cuatro horas al mes. Lo que decide no son esas cuatro: es lo que pasa los días en que no hay clase.
El profesor te da el porqué, que es lo que tú solo no puedes sacar de ningún sitio. La repetición la pones tú, y no hacen falta horas: diez minutos con frases que entiendes valen más que una sesión larga el domingo. Por eso la pregunta de los minutos entre clase y clase es la más importante de las once. Si nadie te da nada que hacer del martes al martes, esa hora se queda en un rato agradable.
Y al revés: alguien que te explica el porqué y te deja el trabajo preparado para la semana hace que esa misma hora rinda cinco veces más.
Antes de contratar a nadie conviene saber de dónde partes. La prueba de nivel de englishclasses.es son doce frases, sin registrarte y sin dejar un solo dato, y te dice qué se te cae y por qué.
Si después decides que quieres a alguien delante, ya sabes qué hay que preguntar. Once preguntas, todas con respuesta corta. Quien sabe enseñar las contesta en tres minutos.
Mi sistema está repartido en tres piezas que trabajan juntas: el curso en vídeo te da el porqué partiendo de tu español, Frasly es lo que repites los días que no hay clase, y la clase de cada mes es donde lo sacas delante de alguien que te corrige en el momento. Ninguna de las tres sustituye a las otras dos.
El objetivo no es hablar como un inglés. Es hablar con la misma seguridad con la que hablas español.
Así explico yo el inglés: partiendo del español que ya piensas, no de una regla que hay que memorizar. Si quieres saber por dónde empezar, la prueba de nivel es gratis, sin registro y son dos minutos.