Nadie firma pensando en el día que se va a ir. Se firma pensando en empezar, no en salir. Por eso la cláusula de baja es la que menos se lee de todo el contrato, y es también la que más dinero puede costarte si la pasas por alto. Fui a leer, en la propia web de tres academias españolas, qué dicen sus condiciones generales sobre darse de baja a tiempo o darse de baja tarde.
La Casita de Inglés: si no avisas con 30 días, pagas el trimestre o el curso entero
La Casita de Inglés, con centros en Madrid, Barcelona y Valencia, tiene dos modalidades: clases presenciales y clases online. En las clases online, sus Condiciones Generales de Contratación describen así el cobro:
Es decir, el cobro se repite solo, mes tras mes, hasta que alguien lo detenga de forma activa. Para las clases presenciales, el mismo documento fija un plazo concreto de preaviso:
Y detalla lo que pasa si ese plazo no se cumple, según la forma de pago elegida:
Un alumno que paga el curso completo por adelantado y avisa de su baja con 25 días de antelación en vez de 30 no se ahorra una parte proporcional. Según su propio documento, se le factura el curso siguiente entero.
Cambridge House: la fecha límite es el día 25, o la plaza se considera tuya igual
Cambridge House, con centros en Madrid, fija una fecha fija de cada mes como límite para avisar de la baja. Sus Condiciones Generales de cursos presenciales, publicadas en su propia web, lo dicen así:
El mismo documento repite la consecuencia para quien paga por domiciliación bancaria:
El argumento que usa la propia academia para justificar el cobro es el mismo argumento que usa para vender el curso: como los grupos son pequeños, cada plaza vacía es una plaza que ya no se puede rellenar a tiempo. La letra pequeña convierte esa misma razón en motivo para no devolver el dinero.
Learn and Play: dos semanas de margen o pierdes la plaza y pagas el mes siguiente
Learn and Play, con centro en Alcalá de Henares, fija el plazo más corto de las tres academias, y añade una segunda penalización además del cobro. Sus condiciones generales, publicadas en su propia web bajo el título "Normas Curso Escolar", dicen:
Aquí la consecuencia es doble. Si el aviso llega tarde, se cobra el mes que el alumno ya no va a usar, y además se pierde el sitio en el grupo, con lo que volver exige esperar en una lista hasta que quede hueco. Un alumno que avisa con doce días de antelación en vez de catorce puede acabar pagando un mes que no pisa y, encima, sin plaza asegurada si decide volver.
Por qué el plazo de preaviso no es un detalle menor
Las tres academias publican estas condiciones, no las esconden. Cualquiera puede leerlas hoy mismo en su propia web. El problema no es que existan, un plazo de preaviso razonable es normal en cualquier contrato de servicios continuados. El problema es cuándo se lee por primera vez: casi nunca antes de matricularse, casi siempre el día que uno quiere marcharse y descubre que ya ha pasado la fecha.
Valoración mía. El negocio no está en tu progreso, está en tu permanencia, y estas tres cláusulas lo dejan por escrito mejor que cualquier explicación mía. Da igual si el alumno ha aprovechado el mes o no, da igual si ha ido a una sola clase o a ninguna: si el aviso llega un día tarde, se paga el periodo entero. Eso no mide el aprendizaje del alumno, mide la fecha en la que puso el recordatorio en el móvil.
Antes de firmar la matrícula de cualquier academia, busca la cláusula de baja tan en serio como buscas el precio. Apunta la fecha o los días exactos de preaviso que exige, y pon tú mismo un recordatorio con antelación de sobra. Es la única forma de que la decisión de irte la tomes tú, y no un plazo que nadie te señaló el día que entraste.